jueves, 21 de enero de 2010

Drácula, el no muerto

Dacre Stoker e Ian Holt, decía la portada, llamándome desde una estantería del Eroski. El biznieto de Bram Stoker había escrito la secuela oficial de Drácula, basándose en las notas dejadas por el artista, y no solo eso, sino que se había ayudado de un historiador para dotar a la novela de consistencia. La primera impresión, quizás muy influenciada por una primera lectura del clásico a los dieciseis años, me empujó irremediablemente a gastar los veinte euros aproximados que valía el libro; desde luego en aquel momento no tenía ni idea de lo que iba a encontrarme.


No se si es un problema de traducción, que quizás sea lo más probable, pero Drácula, el no muerto es para mi gusto uno de esos libros en los que el estilo brilla por su ausencia. Desde el principio nos damos cuenta de que la novela presenta una escritura más bien pobre, en la que es muy habitual ver la misma palabra seis veces en una sola página, por ejemplo. El hecho de que la historia continue donde acabó la novela de Bram, por otra parte, nos empuja a darle una oportunidad al libro.


Spoilers a continuación. No continuar si se va a leer el libro.


La locura se desata cuando, no sabes muy bien en que momento, empiezas a darte cuenta del tremendo batiburrillo de hechos reales y ficticios que se narran, y es que aunque parezca inverosímil, en un mismo libro aparecen personajes tan dispares como el Drácula histórico, la condesa Erzebet Bathory o Jack el destripador. Si a esto sumamos dragones que escupen fuego, el cameo del propio Bram Stoker, y la aparición de numerosos personajes históricos de la época, la sensación de caos se hace insoportable. La guinda final, la pone un gran transatlántico que más tarde descubrimos que es el Titanic.


Fin de los spoilers.


En definitiva, la novela hace tal mezcla de sucesos totalmente inconexos, que uno no sabe a que atenerse, y anda algo desorientado preguntándose qué será lo próximo. Esto, unido a lo antes mencionado, hace que el libro cojee bastante, y es solo después de terminarlo, cuando nuestro cerebro genera un recuerdo algo anecdótico,e incluso gracioso, debido al sinsentido. Es una novela que no recomiendo, a menos que queráis tomároslo con humor y reíros un rato. Por otra parte, no se os presentará otra oportunidad de ver inmersos en la misma trama a Drácula y el destripador. Vosotros mismos.

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