La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, es la última novela que ha pasado por mis manos en estos ajetreados días de mi vida. Un libro apasionado; Zafón se desvive en hacernos vivir el momento exacto que quiere retratar. Particularmente, me resulta gracioso el hincapié continuo que hace en la niebla de una Barcelona que se nos presenta siempre entre brumas. Una y otra vez a lo largo de la historia, el autor recurre a este fenómeno atmosférico para hacernos entrar en situación.Los personajes de La sombra del viento son profundos y elaborados, y se enmarcan perfectamente en esas calles Barcelonesas de los años veinte y cuarenta. Es curioso el paralelismo entre los que se podría decir son los dos personajes principales: Julián Carax y Daniel Sempere. El primero es un escritor condenado al olvido, y el segundo un joven que años después topa con el único ejemplar que queda de uno de sus libros. Interesante el planteamiento que hace aquí el autor, donde plasma que aún a pesar del paso del tiempo, la vida de ambas personalidades tiene mucho en común, llegando casi a tocarse en muchos aspectos.
La España anterior y posterior a la guerra queda fielmente retratada. Atravesamos varios episodios históricos importantes del país, siempre girando en torno a una guerra civil que primero se intuye y después deja ver sus consecuencias. El inspector Fumero será el auténtico retrato de la tiranía y el abuso de autoridad, que bien pudo darse y se dio en aquellos aciagos días. No obstante, no deja de ser "el malo de la película", demasiado previsible quizá.
La trama atrapa, personalmente no hasta el punto de no poder soltar el libro. Lo que si que diría en favor de Zafón es que su escritura resulta de una calidad indudable. Hay veces que deja de importarte el contenido de lo bueno que es el continente, no se si me explico.
Una obra que ha vendido más de seis millones de ejemplares en el mundo por fuerza debe ser buena, si bien no soy demasiado partidario de los giros que da la narración en ciertos puntos. Una muy buena lectura, aunque yo no la catalogaría de imprescindible.
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