He de ser sincero, después de leer La sombra del viento, novela que no me pareció una obra maestra como a muchos, pero si un buen libro, documentado y coherente, me doy de bruces con este extraño experimento, que es lo que para mi ha resultado ser El juego del ángel.Como no podría ser de otra forma, mi opinión es personal y subjetiva como la que más, y aviso previamente de ello porque si algún defensor a ultranza de Zafón cae en esta entrada probablemente quede aquejado de un síncope.
La verdad, y sin tapujos, es que pensándolo fríamente la novela me ha parecido bastante horrorosa. Hay algo sobretodo que me decepciona profundamente, y es el no encontrarle ninguna finalidad moral ni ningún propósito especial a la historia, me ha dejado tan vacío, tan indiferente, que la sensación llega a sorprenderme y desencajarme.
La obra comienza recordando mucho, demasiado diría yo, al libro que consagró a Zafón como un autor mundialmente conocido. Seguimos los pasos de un tal David Martín, un joven chico que pelea por abrirse paso en el mundillo editorial y hacerse un hueco como escritor. Sin embargo no llego a conectar bien con el personaje, cosa grave teniendo en cuenta la similitud de nuestras aspiraciones.
A media novela, y no se por qué demonios, aparecen los personajes de La sombra del viento, y la cosa se mezcla en una trama sin demasiado sentido que parece sacrificarlo todo a favor de un sobrevalorado cameo que no lleva a ningún lugar. Nada me aporta que aparezcan los protagonistas de La sombra del viento, de la misma forma que nada me aporta que Zafón trate de ganarse nuestra simpatía con un torpe acercamiento hacia ellos.
La trama en si de la novela podría haber sido mucho mejor enfocada para mi gusto. A título personal, llegué a interesarme medianamente por el personaje de Andreas Corelli, que en un principio se nos presenta misterioso pero que acaba perdiendo todo el encanto tras demasiados desvarios que no se a dónde demonios nos llevan.
El final, por su parte, no podría haber sido peor, y he hablado de esto con varias personas que también han leído la novela, y que coinciden en que aquí nada tiene ni pies ni cabeza. Da la sensación de que Carlos Ruíz se puso a escribir sin saber hacia dónde navegaba, y que cuando vio que había llenado un buen tocho de páginas se inventó un cierre precipitado para una epopeya sin ningún sentido.
En definitiva, si de mi dependiese, y sintiéndolo muchísimo, opino que este tostazo es y será por siempre un autentico fiasco en la carrera literaria del autor de renombre. Por otra parte, y ligero conocedor de cómo funciona la industria literaria, no creo que esto le afecte demasiado, es más, seguro que hay muchísima gente que enmarcará este libro como una obra de culto. A mi, ya han visto que no habrá manera de convencerme.
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