¿Dónde reside el éxito de esta saga para adolescentes? Ciertamente resulta algo inquietante que estos vampiros algo afeminados que brillan bajo el sol, hayan cosechado tal fortuna en taquilla y en las propias librerías (no olvidemos que todo este extraño cóctel procede de los libros de Stephanie Meyers). ¿Un ingrediente secreto, quizá, o simplemente mucha publicidad y un público muy claro?
Sea como sea las cifras están ahí, y yo no puedo dejar de buscarle una explicación racional al tema.
Cinéfilo aficionado, mi pasmo va en aumento cuando me encuentro con una adolescente lánguida y profundamente depresiva que se pasa meses llorando por la ausencia de su novio vampiro reluciente, y no son lágrimas de cocodrilo, la chica grita como si la vida le fuese en ello. A todo esto, la cámara va girando en torno a su alma atormentada, mostrando a través de la ventana el paso del tiempo, que no se limita a unos días de reflexión, sino que por poco deja a nuestra protagonista cerca de la senectud. ¿Es este el modelo a seguir para nuestras jóvenes, la total y sumisa dependencia de un hombre paliducho que tiene 300 años y todavía ronda el patio del instituto?
Personalmente, no salgo de mi asombro ante oraciones magistrales del nivel de: “Estoy imprimado de ti”. Y esto lo dice un hombre-lobo... ¿Se supone que se han orinado el uno encima del otro? ¿O qué demonios está pasando aquí? Ciertos aspectos como este hacen que la historia ronde en muchos puntos el ridículo, como cuando en un acto de amor desesperado, nuestra joven falta de sangre (nunca mejor dicho), decide probar diecisiete clases de suicidio con el objetivo de atraer para sí a su amado Spontex. El mensaje es de un valor moral incalculable: “Como no me hace caso, me quito la vida, y así no le quedará más que venir a salvarme”. Pero lo peor de todo es que la cosa funciona, y Mr. Proper acaba regresando para rescatar a su querida Bella de una muerte segura (eso sí, tras dejar que lo intente unas cuantas veces).
Después viene la parte más hilarante, y es la batalla perruna entre el vampiro y el lobo, que combaten entre si por el amor de Bella. Dos adversarios supuestamente enfrentados desde tiempos ancestrales que se preocupan más de quitarse la camiseta antes de pelear, que de hacerse realmente daño. No me digas cómo, la historia acaba dejándolos a los tres en la misma tienda de campaña en pleno monte, y mientras uno la calienta (literalmente) el otro se limita a observar la escena. Un ejemplo más de moralidad para las nuevas generaciones (y a estas alturas ya vamos sobrados).
Ni cortos ni perezosos, y como colofón, el anuncio de la nueva película nos muestra a la susodicha Bella embarazada por obra del divino, en un remake de lo que fuese ya un best-seller en sus tiempos: La Biblia. ¡Ahora sí que sí! ¡Los chavales van a creer hasta en Jesucristo! Créanme, si nadie para esto, va a acabar por convertirse en un problema más serio de lo que parece.




