¡Ah! ¡El éxito! Tremebunda reflexión podría surgir sobre sus caminos, sus tretas y sus embustes. Cuantas personas que triunfan sin merecerlo... ¿no es eso? Craso error amigos míos, pues es el público quien sienta en el trono a esos más o menos insulsos merecedores de fama. Somos nosotros, cada uno de nuestros envejecidos traseros, sentados ante televisores que decimos detestar pero no apagamos nunca. Así está el mundo, y puede que así sea como deba estar. Al fin y al cabo quizá no merezcamos más de lo que tenemos.
¿Por qué el éxito? ¿Por qué comenzar esta pequeña bitácora hablando de algo tan inalcanzable? Sencillamente porque todo en este mundo parece girar alrededor de eso. Un servidor le ha dado miles de vueltas, ha tratado de encontrar esa fórmula magistral por incesantes caminos, y no obstante sigue hallándose solo ante la duda, de si es real eso que llamamos triunfar en la vida.
Llegados a este punto, únicamente puedo pensar que el éxito es algo casi fortuito, que no existe aquello de labrarse un futuro con el sudor de la frente. Que el sueño americano no es más que una invención de un país ajeno que ha dedicado demasiado tiempo a contar las estrellas de su bandera. Siendo esto así, y hallándome yo tan distante de todos estos pensamientos, he decidido instalar mi pequeña atalaya en el espacio exterior, en un lugar alejado de esta marabunta en la que las cosas no se pueden razonar con sentido.
El otro astro, ese será mi hogar, un lugar a la par metafórico y ridículo desde donde lanzar reflexiones marcianas sobre asuntos mundanos. Quizá esté en lo cierto cuando pienso que el mundo es un mundo cada vez más extraño, o puede que el raro sea yo, pero sea como fuere todo es menos doloroso desde aquí, desde el silencio del falso anonimato que me brindan las estrellas.
Pero estamos hablando del éxito señores. De su búsqueda y de su indescifrable paradero. A lo largo de mis años de humilde experiencia solamente he descubierto una cosa, y es que quizá el éxito llegue simplemente cuando dejas de buscarlo, cuando tus neuronas se hallan sometidas a tal nivel de ñoñeria y espantos, que explotan y se sinceran por vez primera. Sea así, y que sirva de precedente, pues estas neuronas ahora alienas a nuestro querido planeta tierra, piensan campar a sus anchas en este frío y confortable subterfugio de la mente: El otro astro.
«Siempre ha sido así y siempre será igual, que el tiempo y el mundo, el dinero y el poder, pertenecen a los mediocres y superficiales, y a los otros, a los verdaderos hombres, no les pertenece nada. Nada más que la muerte.
ResponderEliminar-¿Fuera de eso, nada en absoluto?
-Si, la eternidad.»
Quizá sea este, al fin y al cabo, un mundo sólo para locos...
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