miércoles, 30 de enero de 2013

Somos lo que guardamos

Es curioso pararse de pronto a ver lo que guardamos en la pared, esa clase de objetos que a pesar de estar desfasados, ser infantiles o permanecer llenos de polvo nos negamos a tirar a la basura o relegar a una caja en el trastero.

Desde el insomnio lúcido puedo hablaros de aquello que veo en mis estanterías, de aquello que hace mucho tiempo que está y eso otro que quizá no debiera. Hay objetos y cachivaches de toda índole, pero lo primero que me llama la atención son los libros, ganando cada vez más peso en mi vida y llenando no solo una, ni dos, ni tres, sino hasta cuatro estanterías de mi habitación (y eso que no están todos los que son pero sí son todos los que están). Los hay de cuando era muy niño, a pesar de que retiré la colección de pesadillas; los hay de esos que fueron simple pasatiempo y de esos otros que te marcan para el resto de tu existencia; regalados y comprados; recomendados y menos populares... pero lo importante es que todos ellos forman una gran parte de lo que soy a día de hoy.

Si nos fijamos un poco más, se puede ver otra estantería llena de películas, clásicos y bodrios por igual comprados a 2 x 1 en Eroski. De esas cada vez tengo menos, porque hace tiempo que dejé de comprar y las que presto difícilmente regresan. Un poco más abajo luce la trilogía original de StarWars en vhs, a pesar de que no tengo vídeo, y a su lado algunos cd's de música entre los que se repiten dos nombres: David Bowie y Muse (prefiero no mencionar a Cthulhu Songs).

Hay un corcho con anotaciones sobre mis trabajos literarios, fotos y carteles de algún que otro evento al que he asistido. En grande podemos ver a mi difunto gato Lucas y una radiografía de mi clavícula rota. Cerca, también en la pared, un cuadro inspiracional del señor de R'lyeh para admirarlo con el cd anteriormente mencionado de fondo, en todo un momento de enriquecimiento espiritual.

Y llegamos a la estantería de arriba, ese pequeño espacio dominado por un gorila de peluche llamado Scorwind, a su vez coronado por una boina parisina, a su vez ultrajada por una gorra del Hard Rock Nottingham. Hay también dos peluches más pequeños cuyo nombre prefiero no recordar, unas velas rojas del pub Indiana, un warhammer bien pintado, una Guinnes vacía de UK y unas Bud con historia, pero aquí las apariencias engañan y las botellas más importantes no guardan bebida... sino mensajes. Aunque lo que dicen, por una vez, me lo guardo para mí.

Casi podría decirse que esas baldas de la fotografía me representan, que son pedazos que más que definirme me han ido construyendo con el paso del tiempo. Y vosotros, ¿sois lo que guardais?

viernes, 25 de enero de 2013

To FIB or not to FIB


Ahora que le estoy cogiendo de nuevo el gusto a esto de bloggear con mayor o menor regularidad, voy a recuperar uno de esos temas clásicos de los que tanto hablé en su día en elotrofausto, precursor de este y otros sitios que he ido llenando de reflexiones.

Todos los años por estas fechas suele darse un punto de inflexión en mi vida. Si hiciésemos un símil, literariamente hablando, sería como ese momento de la historia en el que todo se va al garete y el mal triunfa sobre la bien, la tierra se llena de engendros desfigurados de nombre extraño y el sol explota por una reacción en cadena de su núcleo (ya se sabe que los guionistas de hoy en día no conocen límites razonables). El espectador medio, con la tripa llena de palomitas, suele llorar en esta escena, y el héroe ajado y desdichado pierde toda fe y convicción en hallar la salida del túnel en el que se encuentra. Sí, eso es exactamente lo que me ocurre.

De pronto surge la esperanza, un flashback de Galadriel entregándole a Frodo la luz de Earendil (perdón si me dejo alguna diéresis) y dándole un nuevo motivo por el que luchar: véase una promesa de relación hetero-gay con Sam o una calada de hierba de la cuaderna sur. El caso es que nos venimos arriba, sacamos fuerzas de debajo de un pan de lembas y seguimos adelante. Y no, lamentablemente y a falta de un par de águilas que me rescaten de Mount Doom este no es mi caso.

Quizá la visión veraniega de otro FIB sí tenga un efecto Galadriel en mí, pero debajo de mi pan de lembas ya no queda nada a lo que recurrir, así que este momento de inflexión promete hacerse más largo de lo esperado (todo sea por el suspense y el bien del espectador).

De cualquier modo, es agradable recordar el olor a hierba y el sonido de las olas, la noche de la danza y el festival de cortos, las duchas gélidas y el alto precio de los tiquets, los mojitos caseros y los domingos en busca de un supermercado donde comprar alguna bebida espirituosa con la que quemar la noche.

Sí, he de volver, pero a día de hoy no sé ni cómo ni cuando... tan solo sé el dónde. Y si la incertidumbre escuece, nada más me queda que recordar viejas frases con las que quitarle algo de hierro al asunto: Com diría el LCD gegant... Se you next year. ;)

jueves, 24 de enero de 2013

Miss Atomic Bomb



The Killers es uno de esos grupos que he visto un par de veces en directo y que aunque no acaba de ganarse una mención de Best Live, saca de vez en cuando canciones que sí me llegan y me hacen mirarlos con mejor ojo. Es el caso de Miss Atomic Bomb, una balada que en directo puede quedar coja -en realidad opino que a la banda le falta potencia cuando toca en vivo-, pero que en casa y acompañada de este fabuloso vídeo de animación queda muy bien.

Todo sea dicho, soy bastante partidario de los videoclips con historia, pues prefiero que me cuenten algo a ver cómo se suceden las imágenes del sudoroso batería del grupo y lo bien que le queda la nueva melena, para continuar con un muestreo de los dedos del bajo en un torpe slideshow y primeros planos intercalados de la cara del cantante. Al menos, este clip nos cuenta algo, y eso es algo que a mí, particularmente, me gusta.

Otra cosa es que como la mayoría de los grupos que sobreviven al paso de los años, The Killers se hayan suavizado para adoptar un sonido mucho más light que en sus inicios, cuando se desmarcaban con temas como Somebody told me.

En fin, que para un rato cortito en el coche no están mal, y las letras son una de sus mejores bazas. En este caso, Miss Atomic Bomb se ha ganado mi voto de confianza. Si por alguna clase de milagro monetario acabo yendo al FIB de este año, trataré de pasarme aunque sea a escuchar esta y un par de clásicos, antes de desplazarme a uno de esos tantos conciertos de interés que seguro se le solapan (estos de Maraworld son capaces de poner a la misma hora a Blur y a Gorillaz sin importarles de que su vocalista sea la misma persona).

Agur.

miércoles, 23 de enero de 2013

La tormenta



Es una tormenta que nunca cesa,
rayos de luz que rompen y quiebran,
es un recuerdo que hiere y pesa
memorias de azul que ríen y hielan.

Nada ha, ya, de aquel tiempo,
de las lluvias pasadas o calmas sinceras.
Nada ha, del aliento,
de aquel aire que hinchaba las velas del viento.

Los susurros se esconden tras piedras a cientos,
los anhelos persiguen su estela a destiempo.
Nada ha, de la risa,
de los vinos dorados bebidos... ¡No miento!

Nada ha de la brisa,
de la suave cadencia de un ritmo sediento.
Nada ha de las prisas,
solo queda la calma, lo roto y lo muerto.

Ya no están las cornisas
en balcones blancuzcos de vida y de cuento,
ya no veo las vistas,
se presentan perdidas... lo noto, lo siento.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...