martes, 5 de febrero de 2013

Destino



Así se llama esta obra de arte que nace de la curiosa unión entre Dalí y Walt Disney, y que se estrenó más de 50 años después de que sus manos comenzasen a delinear el proyecto, en 2003. No hay mucho que decir al respecto, más allá de que el resultado es la mezcla perfecta entre el surrealismo de Dalí y la belleza de Walt Disney.

Viejos y nuevos caminos


Esta tarde he decidido hacer una peregrinación solitaria a Serelles, y la verdad es que hacía tanto tiempo que no iba que no he podido evitar la tediosa comparación entre los viejos y los nuevos caminos.
Mientras ascendía, me he encontrado con lugares que todavía guardan momentos, conversaciones, tardes y noches de risas y extraños encuentros. Hay en ellos una huella marcada, un estigma que siempre los hará ser a mis ojos aquellos lugares que quizá ya no existan, aunque perduren físicamente en lo alto de la montaña. Y no existen porque el tiempo no perdona, porque las cosas que pasaron allí formaban parte de ellos y un buen día se desvanecieron.

Vista del Preventorio desde los inicios del ascenso.


No incidiré demasiado en el típico discurso sobre el maldito "progreso", pues la gran mayoría de los alcoyanos coincidimos en un mismo sentimiento acerca de lo que Luxender le hizo un buen día a nuestra montaña.

Tendidos eléctricos recortándose contra el cielo azul, a medio ascenso.
Observando el camino me pregunto cómo fui capaz de conducir el Micra (DEP) por estos caminos de cabras, quizá esa insensatez juvenil ya me estaba avisando de lo que más tarde pasaría, pero el caso es que allí estaba, en plena noche cerrada ascendiendo por los caminos de tierra sin más propósito que llegar a vislumbrar el paisaje desde lo alto. Logré llegar hasta poco antes de donde el paso esta vedado a los vehículos, y allí estuve leyendo pasajes de un viejo diario en buena compañía. Era la primera vez que enseñaba aquellos primeros escritos a alguien.
Esta misma vista es la que viera el Micra aquella noche iniciática.
Pasamos las cadenas que cierran el paso a cualquier vehículo motorizado y llegamos a las curvas, que atajo como antaño por senderos que suben directamente por la ladera. Es poco después cuando se vislumbra la masía abandonada y dejándola a la derecha se toma el último tramo hasta la fuente. Allí, ya en las últimas horas del atarcecer, las siluetas de los árboles se recortan contra el cielo plomizo.

Shadows behind the light
Cuando, finalmente, llego a la fuente, tengo la sensación de estar en una especie de Rivendel alcoyano, un espacio aislado de la civilización al que uno puede recurrir cuando necesita desconectar o comerse un pan de lembas. Solo hace falta ver los peldaños de esa escalera construída con leños de madera para que la analogía surja con facilidad.

Font de Serelles a.k.a. L'espill de Galadriel
 El descenso es consumado en la oscuridad de la noche, mientras las luces de Alcoy se van encendiendo paulatinamente como pequeños farolillos de color miel. El viento azota y la visión se ve afectada por la negrura, pues si hay luna todavía no ha venido a visitarme. Pero yo me alegro de estar allí, en esa especie de "cima del mundo", de haber recordado los viejos caminos y, en cierta forma, haberlos hecho nuevos.
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