Son típicas, anticuadas, modernas, llamativas, horrendas o simplemente ridículas, pero tienen el poder de grabarse en nuestra memoria, aferrarse a nuestras neuronas alcoholizadas y hacer que las asociemos a algún tipo de marca o producto: Son las imágenes corporativas, emblemas o logotipos cuya función principal es la de acuñar cada producto de la empresa como si la vida fuese en ello.
Las hay de todo tipo, algunas cumplen su función a la perfección e incluso llegan a ser idolatradas como un símbolo. Es el caso de la manzana de Apple, por ejemplo, que con la muerte de Steve Jobs ha cambiado el mordisco por la silueta de su creador:
También las hay desfasadas, totalmente ancladas en un lugar perdido del espacio-tiempo entre los años sesenta y la actualidad. Seguro que no soy el único que queda perplejo cada vez que ve la cara de los paquetes de Kinder Bueno, un rostro angelical retro-ochentero con toques Nerd, que no sé a vosotros pero a mi se me van las ganas de comer chocolate.
Y este no es el único caso de marcas que no actualizan su logo desde que José era carpintero: está el famoso escándalo de Nescafé y aquel tipo que descubrió un día en el supermercado que salía en los paquetes de café molido. Un tipo, que se había sacado cuatro fotos a cambio de dos duros en 1986, y que en el 2003 fue indemnizado millonariamente por la empresa, que había utilizado su imagen durante años sin consentimiento. El actor no se dio cuenta antes de la incidencia, dice, porque consumía café en grano y no instantáneo.
Vamos, que desde que Mercedes se apropiara del símbolo de la paz, nada ha vuelto a ser lo mismo.







